Cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra” (Forja, 1005).

¿Hay risas en tu casa y en tu vida? Cuesta, pero es importante. Tu alegría es un regalo que no se puede comprar. La das a quien quieres, porque sabes amar. Cuando ofreces tu mejor versión, con la ayuda de Dios, haces felices a los demás. ¿Estás agotado? Descansa, y te cambiará la cara.

¡Ojalá la gente te reconozca como Alumni por tu alegría! “La alegría de un hombre de Dios, de una mujer de Dios, ha de ser desbordante: serena, contagiosa, con gancho…; en pocas palabras, ha de ser tan sobrenatural, tan pegadiza y tan natural, que arrastre a otros por los caminos cristianos” (Surco, 60).